Editorial de Septiembre 2018

 

La factura mundial de las importaciones de alimentos se ha prácticamente triplicado, hasta alcanzar los 1,43 billones de dólares en el año 2017, y se ha multiplicado por cinco en los países más vulnerables a la escasez de alimentos. Este aumento refleja una tendencia que “ha ido deteriorándose con el paso del tiempo, presagiando un desafío creciente, en especial para los países más pobres, para cubrir sus necesidades básicas de alimentos a través de los mercados internacionales.

Así se manifestó Adam Prakash, economista de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y autor del estudio incluido en el informe “Perspectivas alimentarias”. A su juicio, se prevé que el costo mundial de la importación de alimentos aumente en torno a un 3 por ciento, hasta alcanzar los 1,47 billones de dólares este año.

El incremento anual refleja en gran medida el aumento del comercio internacional de pescado -alimento de valor elevado que importan sobre todo los países desarrollados-, y de cereales, un alimento básico que supone un producto de importación esencial para muchos países de bajos ingresos y con déficit de alimentos (PBIDA).

Este año, la FAO analizó la tendencia a más largo plazo y descubrió que los países pueden estar “pagando más a cambio de menos alimentos“, a pesar de que la producción mundial y las condiciones comerciales han sido bastante favorables en los últimos años.

 

El análisis se centra tanto en la tendencia como en la composición -proteínas animales, frutas y hortalizas, cereales, bebidas, semillas oleaginosas y café, té y especias- del costo de la importación de alimentos a lo largo del tiempo. Las importaciones mundiales de alimentos han aumentado a un ritmo medio anual de un 8 por ciento desde 2000, pero esta tasa de crecimiento ha sido de dos dígitos para la gran mayoría de países más pobres.

En “marcado contraste” y frente a otros productos alimentarios de mayor valor, la contribución de los cereales al costo de las importaciones no ha disminuido en los países más pobres, y ha caído marcadamente en los países más ricos.

El costo de las importaciones de alimentos supone actualmente un 28 por ciento de todos los ingresos de exportación de mercancías del grupo de los países menos adelantados (PMA), casi el doble que en 2005. Los países desarrollados no sólo tienen un PIB per cápita mayor, sino que suelen dedicar solamente un 10% por ciento de sus ingresos de exportación a la importación de alimentos.

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