Editorial de Junio 2018

 

El 20 de mayo del presente año, se conmemoró por primera vez el Día Mundial de las Abejas, fecha en que la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), busca reconocer la contribución y el papel fundamental que desempeñan las abejas y otros polinizadores en la producción sostenible de alimentos y la nutrición. La FAO instó a los países y a las personas a hacer un mayor esfuerzo para proteger a las abejas y otros polinizadores, o arriesgarse a sufrir una disminución drástica de la diversidad alimentaria.

Las abejas están gravemente amenazadas por los efectos combinados del cambio climático, la agricultura intensiva, los plaguicidas, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. Más del 75 porciento de los cultivos alimentarios del mundo dependen en cierta medida de la polinización para obtener rendimientos y calidad. La ausencia de abejas y otros polinizadores eliminaría el café, las manzanas, almendras, tomates y el cacao, por citar tan sólo algunos de los cultivos que dependen de la polinización.

Los polinizadores -como las abejas, abejas silvestres, pájaros, murciélagos, mariposas y escarabajos- vuelan, saltan y se arrastran sobre las flores para ayudar a que las plantas sean fértiles. El número de polinizadores y la diversidad han disminuido en las últimas décadas, y la evidencia indica que este descenso es sobre todo consecuencia de las actividades humanas, incluyendo el cambio climático, que puede interrumpir las temporadas de floración.

Las prácticas agrícolas sostenibles -y en particular la agroecología-, pueden ayudar a proteger a las abejas, al reducir la exposición a los plaguicidas y ayudar a diversificar los paisajes agrícolas. A través de la agroecología, la FAO busca optimizar las interacciones entre las plantas, los animales, los seres humanos y el medio ambiente. Las innovaciones son necesarias y deben basarse en la creación conjunta de conocimiento, combinando la ciencia con la sabiduría y las experiencias locales, como un proceso social.

Ante este panorama, es de suma importancia que los países aprueben y ejecuten políticas de Estado de emergencia nacional, que lleven al aumento de la población de las abejas. Las mismas deben promover que, tanto los agricultores, como las empresas productoras de miel, puedan instalar a un buen precio los apiarios en fincas certificadas como orgánicas y no orgánicas, que garanticen las prácticas agrícolas sostenibles y la supervivencia de las abejas.

Una herramienta que complementa esta propuesta, es la puesta en práctica del Código Internacional de Conducta para el Manejo de Plaguicidas, que proporciona un marco sobre las mejores prácticas que pueden ayudar a disminuir la exposición de los polinizadores.

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